Creadora

Sobre la Creadora:

¡Hola! 

Mi nombre es Ayelén y quiero contarte un poco de mi para que sepas que me llevó a crear y compartir Hacia La Tierra, escuela que nace de mi corazón, mente, matriz y alma. ¡Mi ser, en fin! Esta es una mini autobiografía con sus momentos de inflexión.

Uno de ellos, es haber estudiado trabajo social, deseo que se forjo en mi a los 12 años al ver las injusticias que ocurrían al lado mío. En mis estudios, mi temática central fue la temática de la igualdad de derechos y oportunidades, y prontamente eso me llevo a estudiar la situación de mujeres alrededor del mundo. En ese entonces, vivía en Alemania y aun no inauguraba mis 20 años.

Hice mi pasantía en Sudáfrica, en las afueras de Ciudad del Cabo. Acompañe a un grupo de adolescentes que vivían en un hogar por la situación vulnerable que había en sus casas, algunas eran huérfanas, otras no podían estar en su casa por abusos y/o violencia. Cuando nos reuníamos, a lo que hoy considero que eran los primeros círculos de mujeres que guíe, las temáticas no eran tan diferentes a la de adolescentes con historias mucho menos trágicas. La falta de amor propio. Con ellas aprendí otra cosa maravillosa. Con ellas, que eran las “necesitadas”, las “pobrecitas”, las “que viven en el hogar”, fuimos a un barrio más humilde, a una asociación más sencilla, a ver a niñas y niños pequeños con grandes discapacidades, que vivían en situaciones muy precarias. En algunos casos incluso, sus familias les llevaban a esta asociación para esconderles, por la vergüenza que daba tener un hijo “deforme”. Y ahí fue, cuando ellas, por primera vez, se vieron privilegiadas. Porque sus cuerpos eran sanos, porque tenían una cama más bonita donde dormir y, lo más importante, vieron que tenían mucho para dar. Ese día, fue uno de los días que no olvidaré nunca en mi vida. ¡También porque después fuimos al mar, y aunque ellas todas vivían a menos de una hora del mar, algunas aun no lo habían conocido!

Otros círculos de mujeres y acompañamientos personalizados que pude vivenciar en aquella época, y hoy, que me llevan a formar este emprendimiento, fueron acompañar a mujeres que vivían en “una casa de seguridad para mujeres” (vuelvo a hablar de Alemania ahora), porque en sus casas no estaban a salvo. Esta casa que tenía una dirección oculta que nadie conocía, salvo los policías que llevaban a las mujeres allí cuando algún vecino/a o las mujeres mismas denunciaban la situación de violencia. Y adivinen de que trataban los círculos de mujeres: Del amor propio. En la mayoría de los casos la violencia de género era solo uno de los problemas que estas mujeres tenían. La mayoría eran refugiadas o migrantes. Otras, por haber dejado al marido, eran madres solteras múltiples. Alemania es un país que ayuda en situaciones así. ¡Pero hacer todos esos trámites inmensamente burocráticos, teniendo miedo o estando traumada, o sin entender el idioma alemán “normal”! ¡Imagínense los términos burocráticos en alemán! Yo soy de lengua materna alemana y me costaba horrores entender esos papeles y trámites burocráticos. Pero, más allá de acompañarlas en eso, creo que mi granito de arena fue la escucha y las pequeñas dinámicas que pensaba para que se sientan amadas. 

Otro momento de inflexión fue cuando ya vivía de nuevo en Argentina. Ya era más mujer, muchas cosas habían pasado, un gran amor, un regreso al país que había dejado en mi pre-adolescencia, comencé a hacer yoga y había nacido mi primer ahijada que ahora tiene 11 años. En ese momento pude ver que aunque las mujeres somos sistemáticamente oprimidas en todo el mundo, nadie puede minimizar la magia y el poder de lo femenino. Huevo de Obsidiana y Toallitas de Tela como aliadas de mi revolución. Conocer mi femineidad y Sexualidad. El yoga me enseñó a ser piadosa conmigo, y ver a mi amiga convertirse en madre, que no hay nada, no hay nada, no hay nada más poderoso que el amor de una mujer convirtiéndose en madre. Esa fue la revolución de la mitad de mis 20, esa junto a tres muertes que me hicieron replantear profundamente mis creencias espirituales. Desde entonces no he parado de estudiar, tanto el yoga, como el tantra (y con ello las sagradas energías femeninas y masculinas), como la MaPaternidad y la Sexualidad. Cuando dejé mi trabajo fijo en Buenos Aires, cuyo acento principal era justamente acompañar procesos individuales y grupales (en seminarios, conferencias y talleres) de jóvenes, el primer curso que hice, fue mi primera formación de Doula, en casa materna en Buenos Aires. Le siguieron muchas otras. 

Un punto de inflexión muy grande en mi vida ocurrió cuando esta Escuela ya existía. Y es cuando fui Mamá de una niña muy hermosa que ahora esta en el cielo, ya que nació y murió en mi útero. Se llama Anjú, aquella que habita en el corazón. Ella es el milagro más grande que he vivido. El más grande amor que jamás he sentido. Y también es parte de la razón por la cual amo mi vida. Y me comprometo a vivirla lo mejor que puedo. Haber sido su madre, y a su vez hoy en día no ser madre (ya que ella no me necesita, ella simplemente es), es un proceso que busco abrazar y honrar todos los días con todas sus implicancias. 

Como toda persona tengo mis heridas, y para mencionar una de las que me hace crecer mucho, es el “no sentirme suficiente”. Hoy, me acompaño a mí misma, en pensar que si lo soy. Adentro mío escucho voces que me dicen porque no, pero decido subirle el volumen a las que me dicen que sí. Desde la certeza que me queda mucho más por aprender, que hay muchas más cosas que no sé qué las que si se. Desde la humildad de poder decir “no sé”, cuando, simplemente, no sepa algo. Sabiendo que todas las personas que leerán esto, estudiarán en esa escuela, tomarán alguno de los cursos, talleres o formaciones, presenciales u online, serán mis maestras, como así también espero que estas líneas sean guías. Desde ese lugar, hoy quiero registrar lo que he aprendido, porque soy muy privilegiada y elijo compartir mi fortuna: el amor por la sagrada naturaleza femenina, el respeto por los procesos de la naturaleza y del alma, la sexualidad como puente entre cuerpo y alma, el honrar a cada mujer para acompañarla que sea guardiana de sí misma. Como yo soy mi guardiana. 

Y que más… eso que te agradezco tanto que estés acá.